El imperio maya era muy extenso y en él había selvas, zonas pantanosas, montes y llanuras. Para unir las ciudades entre sí y con la costa, los mayas construyeron carreteras de hasta 100 km de longitud.

Sus calzadas estaban formadas por un fondo de piedras calcarias sobre el que se extendía grava humedecida y apisonada.

Los españoles que las recorrieron las encontraron hermosas de hasta 4 metros y medio de anchura, y de trazado llano con la ayuda de realces de hasta 1 metro veinte sobre el terreno circundante.